Entre los factores que determinan la densidad mineral ósea se encuentra la vitamina D, un elemento indispensable para la correcta incorporación de calcio al hueso, ya que incrementa su absorción intestinal y la reabsorción por parte los riñones, entre otras funciones. Las variaciones genéticas entre individuos desempeñan un papel clave en los niveles de vitamina D, ya que están involucradas en la conversión a la forma activa, en el transporte, y en su acción sobre nuestro organismo. En función de estas diferencias biológicas, una persona será capaz de mantener niveles de vitamina D adecuados con menor o mayor eficiencia.

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